Raúl Arias Lovillo. Homenaje al Dr. Roberto Bravo Garzón por la Universidad Veracruzana en 2013


Se ha cumplido un año que nos dejó el Dr. Roberto Bravo Garzón, ex rector de nuestra casa de estudios y uno de los grandes artífices de la modernización y de la expansión del Universidad Veracruzana.


Hoy nos reunimos aquí para, por parte de la comunidad universitaria, ofrecer en su memoria un sencillo pero sentido y muy merecido homenaje a ese hombre que sin lugar a dudas debemos considerar un pilar fundamental de nuestra casa de estudios.


La comunidad universitaria, es decir, todos quienes hemos formado parte como estudiantes, académicos o trabajadores de esta generosa institución, debemos al Dr. Bravo Garzón algunas de las páginas más brillantes de nuestra actividad académica, cultural y artística a lo largo de las últimas cuatro décadas.


Sin su visión y sin su capacidad para volver realidad las altas aspiraciones y metas que su espíritu supo soñar y concebir, nuestra casa de estudios no se encontraría en el sitio destacado en que se halla, cosechando reconocimiento y como un referente cultural y artístico en el ámbito de la educación superior de nuestro país. Sin la presencia, la labor y la capacidad del Dr. Bravo Garzón simplemente no podríamos explicarnos el desarrollo cultural, la trayectoria y el prestigio académico y artístico de esta casa de estudios.


La Universidad Veracruzana lo ha reconocido siempre como uno de sus hijos más destacados y como uno de los universitarios a los que más debe nuestra institución por su fructífero y significativo legado. Prueba de ello es la distinción que le otorgó al investirlo con el Doctorado Honoris Causa, por sus valiosas aportaciones a esta casa de estudios durante su mandato, de 1973 a 1981, por su trayectoria en la docencia, por su ética y porque supo traducir su vocación humanista en realidades tangibles, concretas y vigentes en beneficio de nuestra comunidad.


La herencia que como rector dejó el Dr. Bravo Garzón a los universitarios es enorme y perenne. Innumerables son las dependencias e instituciones que, en parte o en su totalidad, creó o contribuyó a hacer realidad, así como los proyectos que impulsó sin descanso hasta verlos funcionando, bien estructurados y encauzados.


Cuando en 1973 llegó a dirigir, muy joven aún nuestra universidad, Bravo Garzón había ya dado muestras de su capacidad creativa, de su tenacidad y de su visión emprendedora, pues había sido ya, en 1966, director fundador de la Facultad de Economía y Estadística; más tarde sería también pieza fundamental para la creación de la Maestría en Desarrollo Regional, una de sus obras más emblemáticas.


La Universidad Veracruzana que llegó a dirigir un muy joven Bravo Garzón era por supuesto muy distinta a la actual, era una institución relativamente pequeña, más bien modesta, centrada mayormente en la capital de Veracruz, aunque ya con horizontes y vocación de crecimiento. El nuevo rector leyó acertadamente el contexto y el momento histórico y ponderó con sabiduría la potencialidad de nuestra institución. Como estupendo gestor que fue, con claridad y energía supo encarar las dificultades y buscar las vías idóneas para allegar a nuestra institución los recursos humanos y presupuestales que impulsarían de manera definitiva su desarrollo, como nunca antes había podido lograrse.


Durante su administración se inició la desconcentración planificada de la UV, y se crearon las cinco regiones o campus con que hasta la fecha cuenta nuestra institución. Se incrementaron significativamente las actividades docentes, de investigación, artísticas, de divulgación de la cultura y extensión de los servicios universitarios.


A su llegada a la rectoría de la UV, con la espléndida colaboración de artistas como Fernando Vilchis ―a quien designó al frente del departamento de Difusión Cultural― o como los maestros Manuel de Elías, Raúl Ladrón de Guevara y Miguel Vélez Arceo, por mencionar sólo algunos a quienes ha de reconocérseles su contribución, Bravo Garzón pudo concretar proyectos como la creación de la Unidad Interdisciplinaria de Investigaciones Estéticas y Creación Artística (UIIECA ) y el Instituto de Música, que pronto, y como resultado de la investigación pedagógica allí llevada a cabo, fructificó en la fundación del Centro de Iniciación Musical Infantil, CIMI, para responder a la necesidad de atender a los niños de la comunidad artística no sólo en Xalapa sino también en la ciudad y puerto de Veracruz.

Con su capacidad, energía y visión ―y al lado de esos y muchos otros académicos y creadores que han de ser reconocidos como verdaderos protagonistas del siglo veinte en los campos de la música, la danza y el impulso al arte en general en nuestra universidad y en el país―, Bravo Garzón logró desentrañar y resolver los problemas económicos que padecía la Orquesta Sinfónica de Xalapa, modificar los contratos de sus músicos para convertirlos en académicos e integrarlos plenamente a la Universidad Veracruzana, lo que tuvo resultados positivos, hasta lograr convertirla en una de las mejores orquestas de nuestro país, si no es que la mejor. Esas mismo esquema y mejoras se dieron para actores y bailarines, lo que contribuiría al surgimiento de la Unidad de Artes, entidad que tendría un papel fundamental como generadora de un proceso de efervescencia y auge de la actividad cultural que, hasta la fecha caracteriza y distingue, en el país entero, a nuestra casa de estudios.


Para disfrute del arte dramático, creó la Compañía de Teatro de la UV, la Infantería Teatral y la Facultad de Teatro. Bajo su impulso nació el Tlen Huicani, la Orquesta de Música Popular, la de Salsa o Moscovita, y el Ballet Folklórico del maestro Miguel Vélez Arceo, que logró incorporar diversos grupos artísticos profesionales que rendirían enorme reconocimiento. Dentro de la música, también propició y fomentó la corriente del jazz, y con ello puso una simiente que hoy florece con esplendor en nuestra casa de estudios y que ha tomado carta de naturalización en la capital de Veracruz.


Su periodo rectoral es considerado con justeza como el de mayor crecimiento institucional, extendiéndose éste a las diversas regiones del estado, y también como el de mayor apertura a nuevas opciones de formación profesional. Sería demasiado prolijo mencionar cada una de las instituciones que impulsó. De esta etapa data asimismo la constitución del Sindicato Estatal de Personal Académico de la UV (FEAPAUV).


Fue esta una era grandiosa de creación incesante y febril de grupos artísticos y de dependencias que rendirían gran prestigio académico y artístico a nuestra universidad y consolidarían el renombre de Xalapa como Atenas Veracruzana.


La visión, la sensibilidad artística y el amor a la cultura del Dr. Bravo Garzón lo hicieron el artífice de ese periodo tan rico y creativo que todos recordamos, una era de expansión y consolidación académica de nuestra universidad, y de apogeo cultural que nos redituaría, y que nos sigue redituando, reconocimientos y premios nacionales e internacionales en campos como la música, la danza y el teatro, principalmente.


En efecto, como muchos miembros de nuestra comunidad lo hemos reconocido y expresado de diversas formas y en innumerables ocasiones, la Universidad Veracruzana le debe a Roberto Bravo Garzón lo que quizá a nadie más: el notable crecimiento de nuestra casa de estudios, el encauzamiento científico y humanista de nuestra vocación institucional y el mayor y más grande impulso y consolidación de algunas de las más emblemáticas de nuestras agrupaciones artísticas, logros sobre los que se ha cimentado de manera indiscutible nuestro prestigio como institución educativa. Todo esto es reconocido por propios y extraños.

Su legado ―y con él su recuerdo y su ejemplo― están más vivos que nunca: aquello que nos dejó como fruto de su vida entregada a nuestra universidad nos enorgullece cada día y abona a nuestro prestigio institucional; cada presentación de los grupos que él impulsó deslumbra nuestros ojos, encanta nuestros oídos, deleita nuestros sentidos y hace plena nuestra vida a través del arte y la cultura.


El mayor y más alto homenaje que nuestra comunidad académica ―entre ellos destacadamente sus músicos, bailarines, cantantes y demás artistas y creadores― puede rendir a nuestro querido Roberto Bravo Garzón es redoblar sus esfuerzos para engrandecer y seguir elevando la calidad de estos grupos que él concibió y creó, y que nos han dado lustre en los ámbitos nacional e internacional.


Reconocemos en Roberto Bravo Garzón a un protagonista fundamental de la construcción de la Universidad Veracruzana que hoy somos, un hombre que no sólo la modernizó y la hizo dar un enorme salto cuantitativo y cualitativo, sino que la concibió a futuro y la proyectó hacia adelante como una institución de educación superior y de promoción de la ciencia, la cultura y las artes de primera línea no sólo en el estado de Veracruz y en el Sureste del país, sino como una universidad a la par de las mejores del país.


El Dr. Bravo Garzón deja en los corazones de todos quienes tuvimos el privilegio de tratarlo y de convivir con él, en el de sus hijas y en el de sus amigos y amigas, el grato sentimiento de la camaradería, la amistad, la rectitud y la bonhomía de un hombre y un universitario ejemplar, comprometido con el conocimiento, la ciencia y el arte.


Nuestra comunidad le agradece y no olvidará nunca a Roberto Bravo Garzón, pues deja su impronta indeleble en todos y cada una de los proyectos que impulsó y creó, la mayoría de los cuales están plenos de vida, trabajando, produciendo, creando y cosechando nuevos reconocimientos y lauros para nuestra casa de estudios. Así queremos recordarlo los universitarios: trabajando, produciendo, creando el futuro que él, como ningún otro, ayudó a forjar.