Laura Bravo Reyes. Homenaje a Roberto Bravo Garzón por la Universidad Veracruzana en 2013

Me dirijo a ustedes a nombre de mis hermanas Leticia y Citlalli, de mi hermano Raúl, y de mis sobrinos Rodrigo, Mariana y Juan Roberto.

Muchos de ustedes estarán aquí para honrar la labor de un hombre que dedicó toda su vida a la educación, las artes, la cultura, la Universidad Veracruzana, a Veracruz.

Y ahora estamos todos aquí, con él juntos, recordándolo, celebrándolo y agradeciéndole por su presencia durante todos estos años. Y es que se fue hace ya un año, pero no del todo, porque el simple hecho de unirnos a todos aquí en este día hace que siga vivo en todos y cada uno de nosotros.

Me voy a permitir compartirles un fragmento de una carta que con motivo del día del padre le escribí a mi padre en 1998:

“Papá:

En este tiempo, he recordado muchas cosas que tú me transmitiste, sobre todo tu apasionamiento con el que haces lo que haces y tu manera de creer, con tal veracidad que se convierte en una manera de crear.

Mi camino, al igual que otros ha sido difícil, pasé momentos en los que las personas que compartían conmigo un ideal, le dieron la espalda despreciando y devaluando los valores éticos y humanos contenidos en ese ideal. En ese momento no reconocí que la fervorosa necedad que me impidió traicionar mis principios y valores era herencia tuya.

Recuerdo mucho la enorme admiración con la que relatabas la travesía del presidente Benito Juárez atravesando el desierto en su carruaje, sosteniendo en su persona la presidencia de la república y con este acto, al país mismo, en impecable traje de levita negra – decías –

Con frecuencia relatabas las leyendas del mundo prehispánico, con sus dioses, tlatoanis y conocimientos te emocionabas enormemente describiendo las fuerzas que impelían a estos seres a llevar a cabo las obras que debían hacer mediante el sacrificio, pero no es sino hasta ahora que reconosco, la marca que esos relatos dejaron en mí.

Con esta inspiración he defendido mi integridad y al defenderla he reconocido la parte tuya que llevo. Y esa parte tuya sabe a libertad, no sé de qué manera se trata de la libertad. Y esta es tu herencia: sé que soy libre porque lo percibo con claridad, no porque me lo propongo o porque lucho por serlo, sino porque soy capaz de decidir con integridad sobre el Libre Albedrío que la vida me ofrece cada día.

Siempre permitiste que hiciera lo que verdaderamente quería hacer y siempre me diste lo que estuvo en tus manos para apoyarme, confiaste, confiaste en que mi consciencia buscaría la luz, tal y como la tuya lo había hecho.” (hasta aquí mi carta)

Viento sobre las aguas

En 1962 la Universidad Veracruzana edita “Viento sobre las aguas”, pieza teatral escrita por Roberto Bravo Garzón. La contraportada dice así “De la compleja maraña en que se unen el mito y la historia, roberto Bravo Garzón ha sacado el hilo de una gran acción, que es a la vez una interpretación inteligente y novedosa del carácter más decisivo y enigmático de nuestra época precolombina: Quetzalcóatl. Escenas que brumosamente flotaban en las tradiciones adquieren un extraordinario voltaje teatral en el brillante tratamiento que les otorga Bravo Garzón, quien revela un profundo conocimiento del tema, pero, sobre todo, un agudo sentido escénico.”


Este hilo de una gran acción en el que mi padre unió mito con historia, revelaba no solo un sentido escénico sino un destino histórico: en la décima escena el protagonista Ce Acatl Topiltzin sacerdote de quetzalcóatl, dice:


“pero después será distinto. Cuando crezca esa generación de jóvenes que ahora estudia en el Calmecac, llegará el día en que el pueblo destruya con sus propias manos ese templo(de la superstición, la guerra, y la ignorancia) y entonces, todos los macehualmeh –toltecameh, chichimecameh, cholultecameh, nonoalcameh y hasta esos bárbaros que ahora tratan de invadir el Imperio- todos viviremos en el anahuac como hermanos, sin más guerras, ni sacrificios humanos, felices, como si estuviéramos en el Tlalocan (…) Fundaremos ciudades y calmecac en sus territorios. La paz y la prosperidad reinarán entre nosotros …” (hasta aquí topiltzin).


Este joven estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras ya percibía con claridad la enorme importancia que la Educación tendría en la obra de su vida: 11 años después siendo rector de nuestra máxima casa de estudios Bravo Garzón emulando a Ce Acatl Topiltzin, descentraliza la universidad veracruzana llevando el Calmécac a los diferentes polos de desarrollo económico del Estado de Veracruz, fundando 48 facultades en diez ciudades veracruzanas entre 1973 y 1981.

UN LIBERAL

Conocedor profundo de la historia de méxico, Roberto Bravo Garzón admiraba la generación liberal de 1957 en la cual se inscribió, en el crédito abierto que es la historia, como su continuador. Se nutría del espíritu, obras y acciones de estos hombres siguiendo su ejemplo en esa línea de acción rigurosamente fiel a los dictados de su consciencia enraizada en sólidos y amplios conocimientos filosóficos, económicos, del derecho, de la ciencia, del humanismo, del arte.


Tejió admirablemente los hilos de su vida, y sus circunstancias le fueron continuamente favorables.


Supo escoger para cada uno de los casos a los mejores hombres y mujeres, quienes se convirtieron en sus colaboradores, para realizar sus ambiciosos proyectos; para todos ellos también es este homenaje.


A todos los que tuvimos la fortuna de tratarlo como padre, maestro, funcionario, amigo o familiar nos dejó un poco de la fuerza apasionada de su personalidad. Nuestra historia no está terminada y faltan muchas tareas y obras por hacer, cada quien en sus circunstancias puede resolver estas tareas con integridad y fidelidad a su individualidad. Y así seguir construyendo nuestra historia: la de nuestra familia, la de nuestra escuela, la de nuestra universidad, nuestra ciudad, nuestro Veracruz, nuestro país.

PALABRAS FINALES

Un maestro del Calmécac, un Tlamatine le pregunta a Topiltzin

“¿Viviremos tanto como para ver lo que imaginas?”

Topiltzin contesta

“Quizá no. Pero ya encontraremos quien continúe nuestra labor. La vida de un pueblo no puede encerrarse dentro de la breve existencia de un hombre. El Calmecac proporcionará la sucesión de gobernantes que completarán nuestra labor.”

Al General Mactlaxóchitl, dejándole el mando le dice:

“Sólo te suplico que protejas siempre a los macehualmeh”

Consumada la lucha final dice Topiltzin

“Ya no podré seguir viviendo entre ustedes, (…) Los abandono, iré al encuentro de Quetzalcóatl, pero dondequiera que me encuentre siempre estaré pensando en ustedes y cuando todo haya sido olvidado, cuando ustedes mismos deseen el regreso de Quetzalcóatl: Quetzalcóatl regresará. Pero antes, muchas veces me confundirán porque estaran esperando el regreso de un caudillo, pero Quetzalcóatl no regresará en un hombre, regresará en forma de sabiduría y de amor a cada uno de sus corazones.”

Muchas Gracias.